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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Paul Kammerer (1880-1926): El falso fraude y descubrimiento fundacional de la epigenética








El diario ABC publica hoy en su versión digital una noticia titulada “Los cinco mayores fraudes científicos que llegamos a creernos”. En ella se refiere al hombre de Piltdown, a los vestigios arqueológicos de Tsukidate, al fósil compuesto de Archaeoraptor liaoningensis, a experimentos sobre clonación humana en la Universidad de Seúl y ..............a los experimentos de Paul Kammerer (1880-1926).


Como viene siendo corriente en el periodismo científico, marcado habitualmente con lo tintes amarillos del sensacionalismo, la noticia contiene un grave error. Afortunadamente, esta vez la ciencia está de enhorabuena y el error le favorece.

De los cinco indicados, uno no es un fraude. Se trata, pues de un falso fraude. No sólamente eso, sino que podría tratarse además de uno de los acontecimientos más notables de la biología del siglo XX que, curiosamente (y esto le otorga mayor notoriedad) habría pasado por fraude.........


Alexander Vargas, un biólogo chileno experto en evolución y desarrollo, ha analizado recientemente los trabajos de Kammerer a la luz de los resultados y puntos de vista de la epigenética. En un reciente artículo que el propio autor comenta en el blog Nucleodecenio y que analizaremos en más detalle en otra ocasión, Vargas indica que los experimentos de Kammerer en Alytes, de impecable ejecución, lejos de contener ningún comportamiento fraudulento, podrían
representar la fundación de la epigenética, apuntando mecanismos de herencia de caracteres adquiridos,……¿les suena? Sí. Lamarckismo puro..........



Imagen de Paul Kammerer tomada de NNDB









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viernes, 23 de octubre de 2009

El circo de Dawkins

Se acercan las fechas de Navidad y con ellas la amenaza de novedades editoriales. Anden con cuidado,...... si no están atentos pueden acabar leyendo cualquier cosa..........................














Para más información aquí, aquí, o aquí (por ejemplo).





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sábado, 19 de septiembre de 2009

Curiosa máquina incapaz de distinguir: Reconsiderando hoy el estudio de la evolución desde una perspectiva histórica





Richard Lewontin, profesor de la cátedra Alexander Agassiz en Harvard, escribió su libro "The Genetic Basis of Evolutionary Change" en 1974.

Dedicado al prócer darwinista Theodosius Dobzhansky, en su primera página se lee el canto I correspondiente al Inferno de "La Divina Comedia" de Dante (Nel mezzo del cammin di nostra vita……..), razón por la cual me he permitido ilustrar este comentario con una representación de la Divina Comedia.



Más adelante, en la página 175 de la edición de Omega (Barcelona, 1979), ya al principio del capítulo 5, titulado "La Paradoja de la Variación", que abre la tercera sección (La Teoría) se pueden leer estas frases maravillosas que demuestran cómo los académicos a veces pueden, desde sus cumbres, escribir así de bien para beneficio del público conocimiento:



Durante muchos años la genética de poblaciones constituyó una teoría poderosa e inmensamente rica sin virtualmente hechos satisfactorios sobre los que trabajar. Fue como una compleja y exquisita máquina diseñada para elaborar una materia prima que nadie había explotado con éxito. Ocasionalmente, algún prospector desusadamente listo o afortunado se encontró con un afloramiento natural de mena de alta graduación, y parte de la maquinaria se puso en marcha para demostrar a sus fiadores que realmente funcionaba. Pero la mayor parte de dicha maquinaria se dejó en manos de los ingenieros, siempre arreglándola, siempre mejorándola, anticipándose al día en que sería llamada a funcionar a pleno rendimiento.


De improviso, la situación cambió. La veta principal fue barrenada y una profusión de hechos fueron vertidos sobre los cubos de esta máquina teórica. Sin embargo, de la máquina no ha salido nada. No es que la máquina no funcione, pues para una gran cantidad de ruidos de engranajes es claramente audible, si no son amortiguados, pero de alguna forma no puede transformar en productos acabados la gran cantidad de materias primas con que ha sido provista. Toda la relación entre teoría y hechos necesita una reconsideración.



Según explica con lucidez el profesor Lewontin, de esta máquina que constituye la Genética de Poblaciones, no ha salido nada, excepto ruido. La máquina suena, pero de ella no sale nada que substancialmente nos ayude a entender la transformación de las especies. Estoy de acuerdo al cien por ciento. La causa reside, según explica el autor, en que toda la relación entre teoría y hechos necesita una reconsideración. Sigo estando plenamente de acuerdo. Ahora bien, paremos por un momento la máquina para que cese su ruido y el diálogo llegue a nuestros oidos claramente. Veamos: ¿En qué puede consistir tal reconsideración? Es posible una respuesta a tal pregunta, pero antes plantearé una disyuntiva:






¿Será por necesidad la reconsideración reclamada por Lewontin algo complicado e incomprensible a la mayoría de los mortales?; ¿algo que deban resolver los eruditos como el propio Lewontin, Dobzhansky o Ayala mediante textos voluminosos o series interminables de reuniones que diesen lugar a tratados incomprensibles en cientos o miles de páginas? Sospecho que no. Todo eso sólo serviría para aumentar el ruido de la máquina.




¿Podría, por el contrario, tratarse de una reconsideración de aspectos fundamentales que un adolescente de una cultura media sería capaz de comprender? Pienso que sí.

desde Darwin, los principales teóricos del estudio de la evolución, entre los que se encuentra Dobzhansky, son incapaces de distinguir entre teoría y hecho




La reconsideración de la relación entre teoría y hechos que propone Lewontin removería algunos de los cimientos de la teoría evolutiva pero sería la única posiblidad de ajustar los engranajes para que la máquina hiciese menos ruido y funcionase con mayor provecho. Ahora bien, al contrario de lo que podría parecer en un análisis somero, dicha reconsideración jamás podría realizarse desde los terrenos de las altas esferas de la Academia. Nunca los expertos en evolución podrán resolver la cuestión y librar a su especialidad de los males que la aquejan, puesto que son ellos mismos los causantes de tal situación. La reconsideración de la relación entre teoría y hechos en el terreno de la evolución debería realizarse desde terrenos más generales y próximos al sentido común, mediante el cuidadoso análisis del lenguaje y su utilización adecuada.



¿Cómo? Es sencillo, pero para empezar es necesario darse cuenta de que, desde Darwin, los principales teóricos del estudio de la evolución, entre los que se encuentra Dobzhansky, a quien Lewontin ha dedicado su libro, son incapaces de distinguir entre teoría y hecho.



Veremos algunos ejemplos que iré publicando en las siguientes entradas de este blog.



Referencia


Lewontin, R. 1979. La Base Genética de la Evolución. Editorial Omega. Barcelona.





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Esta entrada es la primera de una serie titulada: "La Máquina incapaz de
distinguir
". Se dedica a un repaso histórico del estudio de la evolución y consta de los siguientes apartados:


  1. Curiosa máquina incapaz de distinguir: Reconsiderando hoy el estudio de la evolución desde una
    perspectiva histórica

  2. Construyendo la máquina incapaz de distinguir: Dobzhansky

  3. Manteniendo la máquina incapaz de distinguir: El Maravilloso Mundo de la Evolución, según Julian
    Huxley

4. Conservando la máquina incapaz de distinguir: “Evolución” de Dobzhansky, Ayala, Stebbins y Valentine, donde se demuestra que la Selección Natura no es una teoría sino proceso.

5. La máquina incapaz de distinguir siempre funcionando

6. Ciento cincuenta aniversario del origen de la máquina incapaz de distinguir en la obra de Charles Darwin









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domingo, 2 de agosto de 2009

Videos sobre biodiversidad con pregunta incómoda

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Hace unas semanas, Olga Zafra escribió un post titulado "El darwinismo en la actualidad" en la bitácora sobre BioCiencia y Tecnología que, con mano firme gobierna JAL desde los weblog de Madrimasd.

Según la autora, la Teoría Sintética o Neodarwinismo explicaría no sólo la evolución, sino en un planteamiento más dificil todavía y ya casí decididamente acrobático, el mismo origen de las especies.

Por mi parte, en una actitud mucho más propia del espectador que del acróbata y teniendo en cuenta que el neodarwinismo no es sino darwinismo actual y que, por tanto, se basa ni más ni menos que en ese concepto tan peliagudo y controvertido de la Selección Natural, no puedo estar ni mucho menos de acuerdo con tales opiniones tan frecuentes en las pistas del actual circo de la ciencia.

En la discusión surgida a continuación se sorprendía mucho un contertulio cuando le indiqué que la biodiversidad se podría explicar de muchas maneras, queriendo expresar con ello que tan científica es la Selección Natural como cualquier otro Mito. No pretendía yo decir que fuese capaz de explicar la biodiversidad de manera convincente, ni menos aún científica, sino que dudo que pueda haber una explicación científica para tamaña cuestión. Y es que, además de los inconvenientes habituales que la mayoría de los mitos tienen para ser considerados pruebas científicas, la Selección Natural, presenta otra seríe adicional de dificultades que curiosamente parecen ser invisibles a los ojos de muchos científicos especializados.

Así, algunos de los participantes en el debate eran de la opinión con la autora que la biodiversidad se explica bien mediante la Selección Natural.

Tal opinión es para mí, como decía arriba, pirueta acrobática y como tal arriesgada. Analicémosla como tal y veamos luego alguno de sus riesgos.


Además de no ser científico (una tautología), el concepto de Selección Natural se ha mantenido a presión desde el poder de grupos mediáticos, editoriales y científicos bien interesados. Empero, a nadie se le escapa que su principal objetivo ha sido desde su fundación social: el de justificar el
gobierno del mundo por unas élites; el de la ciencia, por otras élites (especializadas).

Una serie de videos tomados en una visita reciente al Parque Nacional de Manuel Antonio, en Costa Rica servirá para introducir la pregunta incómoda que por ahora surge como consecuencia de mi participación en aquel debate y que dejaré caer para reflexionar durante el verano.


La pregunta es:

¿Alguna teoría científica explica la biodiversidad?

Si los vídeos sirven para alimentar dudas, tengan entonces en cuenta que están tomados en el entorno de un Parque Nacional y piensen cuán diferente será el destino de plantas y animales si la teoría en cuestión triunfa y llega a convencernos a todos de que la explicación de la biodiversidad la proporciona la selección natural o si algunos albergamos y alimentamos serias dudas al respecto.



Nota: Una versión posterior de esta entrada se ha publicado aquí

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lunes, 13 de julio de 2009

Entrada número ciento uno: ïndice de autores de las cien primeras

Abdalla, Mauricio 26

Agassiz, Louis 3

Aldrovandi 10

Alberto Magno 4

Aristóteles 4, 32

Azcoaga, Enrique 11

Azorín 17

Ayala, Francisco 71, 72, 86, 92

von Baer 3

Bacon, Francis 6, 18

Bateson, William 46

Belknap Long, Frank 27

Berg, Paul 75

Bernard, Claude 18

Blasco Ibáñez, Vicente 43

Bonafé, Juan 11

Borges, Jorge Luis 12

Buchner 4

Buela, Alberto 97

Buffon 4

Cairns, Overbaugh y Miller 61

Cellini, Benvenuto 36

Cervantes, Miguel de 5

Cervantes, Vicente 80

Clark, Gregory 29

Conan Doyle, Arthur 12

Cutler SR et al., 67

Darnell, James 75

Darwin, Charles 2, 3, 4, 5, 12, 25, 26, 49, 51, 61, 72, 78, 95

Dawkins, Richard 23, 24, 91, 98

Delbrück, Max 61

Descartes 6, 18

Dobzhansky 4, 86

Dylan, Bob 7

Engels, Friederich 3

Evert, Roger 44

Foucault, Michel 10

Freeland Judson, Horace 75, 76

Fuller, Steve 90

Galileo 6, 18

Galsworthy, John 12

Gaya, Ramón 11

Gide, André 15

Goldschmidt, Richard B. 55, 56, 57

Graells y Agüera, Mariano de la Paz 73, 93

Hadot, Pierre 35

Hall, Cristobal 11

Haughton 3

Hawking, Stephen 28

Heidegger Martin 95

Heráclito 7

Horn, Henry S. 13

Huxley, Thomas 95

James, Henry 87

Jodelet 76

Jonston 10

Jung, Carl Gustav 14

Kierkegaard, Soren 23, 40

Lagasca, Mariano 73

Lamarck 50, 51, 57, 61, 66, 67

Lawrence, DH 25

Leibniz 23, 38

Lewin, Benjamin 75

Linneo 4

Lucht JM, et al. 68

Luria, Salvador 61

Lyell 3

Marco Aurelio 35

Marías, Javier 22

Marx, Karl 3

Mclintock, Barbara 14, 68

Mendel 59

Milton, Richard 24

Moliner et al., 68

Morgan, Thomas Hunt 48, 49, 50, 52

Mosterín, Jesús 58

Muller, Herman Joseph 60

Nietzsche, Friederich 3

Ortega y Gasset 6

Owen, Richard 3

Pardo Bazán, Emilia 21

Pascal, Blas 23

Popper, Karl 2, 3, 18, 24, 50

Proust, Marcel 33

Punset, Eduard 23

Reni, Guido 31

Riddle, Oscar 47

Rilke, Rainer Maria 8

Rose, Steven 90

Roso de Luna, Mario 31

Ruiz Palacín, Antonio 94

San Agustín 23

Sandín, Máximo 26, 77

Santo Tomás 23

Schopenhauer, Arthur 18, 39, 76

Sedgwick 3, 46

Smith, Adam 25

Sniegowski y Lenski 61

Stebbins 86

Suárez, Francisco 37

Suñer y Capdevila, Francisco 69

Unamuno, Miguel de 23, 25

Valentine 86

Valle-Inclán 74, 75

Vallejo, Fernando 65

Vicente Miguel 82

Vilanova y Piera, Juan 79

Waddington, C.H. 24

Weismann, Arthur 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 64

Zola, Emile 20



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Entrada número cien: Títulos de las cien primeras entradas

  1. Presentación
  2. Un cuento chino
  3. ¿Un error del siglo XIX?
  4. Este año no tocan Los Mitos : Un problema de Historia
  5. Caballero andante
  6. Esquemas mentales
  7. Bienvenidos al cambio
  8. Reflexiones para un cambio (I): Como Rilke, pero al revés
  9. Reflexiones para un cambio (II): El biólogo ante la prensa
  10. Reflexiones para un cambio (III): Un limón del siglo XVII todavía por exprimir
  11. Reflexiones para un cambio: Conclusión
  12. Coda con figuras victorianas
  13. Una frase para pensar
  14. Una frase lamentable
  15. Viejas costas, nuevos continentes
  16. Crucero con el coronel
  17. El campo y la ciudad
  18. En los límites de la Ciencia
  19. Genética y Literatura: Presentación
  20. Genética y Literatura I: La enfermedad y la herencia en Zola
  21. Genética y Literatura II: La sangre y la herencia en “los Pazos de Ulloa” de Pardo Bazán
  22. Genética y Literatura III: La herencia y el alma de una familia en “Todas las almas” de Javier Marías
  23. Premio "Roberto Alcázar y Pedrín"
  24. Censura darwinista
  25. Darwinismo y lenguaje inglés: “Mujeres enamoradas”
  26. Censura darwinista: ahora toca aquí.
  27. Este extraño mañana
  28. Darwinismo sideral en el auto de choque
  29. II Premio Roberto Alcázar y Pedrín
  30. Toca recibir premio
  31. Octubre, el mes del carácter
  32. Carácter y especie: Conceptos fundamentales
  33. En busca del carácter perdido
  34. El carácter en su laberinto
  35. El carácter en la antigüedad
  36. El carácter en el Renacimiento
  37. El alma, objeto de la Filosofía Natural en Suárez
  38. La noción de substancia individual en Leibniz
  39. El carácter como objetivación de la voluntad del mundo en Schopenhauer
  40. Kierkegaard o la imposibilidad de separar las cosas de su entorno
  41. La mutación del carácter
  42. Elephant in a China shop
  43. Cuando el mundo se hizo materialista
  44. Hombre blanco dar significado
  45. Memememociona
  46. Nacimiento de la Genética: Cuando el significado pudo haber escapado por la gatera
  47. La Genética, contemporánea del Titanic
  48. La Relación entre Genética y Evolución: Thomas Hunt Morgan I
  49. La Relación entre Genética y Evolución: Thomas Hunt Morgan II
  50. La Relación entre Genética y Evolución: Thomas Hunt Morgan III: en el avispero
  51. Caracteres adquiridos: Descanso del libro de Morgan con una puntualización lingüística
  52. La Relación entre Genética y Evolución: Thomas Hunt Morgan IV: el dedo en la llaga
  53. August Weismann I: La barrera imaginaria del doctor Weismann
  54. August Weismann II: Los experimentos del doctor Weismann
  55. August Weismann III: Richard B. Goldschmidt proporciona un apoyo gráfico al Dr Weismann
  56. Respondiendo ahora preguntas inocentes
  57. Fantástica pareja
  58. El azar: Invitado de honor por primera vez en la Historia de la Ciencia
  59. El protocolo de la genética y el dogma de la mutación espontánea (I)
  60. El protocolo de la genética y el dogma de la mutación espontánea (II)
  61. El protocolo de la genética y el dogma de la mutación espontánea (III)
  62. El protocolo de la genética y el dogma de la mutación espontánea (IV)
  63. Un nuevo blog
  64. Pareja en crisis
  65. Censura darwinista: es mi turno
  66. Herencia de caracteres adquiridos: Ejemplos en bacterias
  67. Herencia de caracteres adquiridos: Ejemplos sencillos en plantas
  68. Herencia de caracteres adquiridos: Algunos casos ligeramente más complejos en plantas y su importancia
  69. Resortes darwinistas. Primer resorte: Todo aquel que no admite la teoría darvinista es un creacionista
  70. Resortes darwinistas. Segundo resorte: Si usted no cree en la teoría darwinista entonces a usted le toca proponer una mejor
  71. Resortes darwinistas. Tercer resorte: El recurso al laberinto escolástico
  72. Darwin en la Patagonia
  73. En el 199 aniversario del nacimiento de don Mariano de la Paz Graells y Agüera
  74. Un aviso en "Luces de bohemia", de Valle Inclán
  75. Agradador de todos los segismundos
  76. La biología como actividad social, la extensión y definición de “fraude científico” y una pregunta
  77. MANIFIESTO POR UNA BIOLOGÍA DEL SIGLO XXI
  78. Un sencillo experimento acerca de la biología del siglo XXI y su malvada interpretación
  79. El creacionismo, el darwinismo y Wikipedia: Otro ejemplo a favor del manifiesto
  80. Doscientos cincuenta aniversario del nacimiento de Vicente Cervantes y doscientos veinte de la fundación del Jardín Botánico de la Ciudad de México
  81. XI Reunión de la Asociación para el Desarrollo y el Estudio de la Biología en la Rioja (ADEBIR)
  82. Sociedad de Biología Humanista: su necesidad, campo de acción e interés
  83. Nuevas firmas en apoyo del Manifiesto por una Biología del siglo XXI
  84. Veintisiete libros y un prólogo abierto para una nueva biología
  85. Lista actualizada de Firmas en apoyo del Manifiesto por una Biología del siglo XXI
  86. Carta a Pepe para que entienda ya de una vez la selección natural
  87. Los ingleses, por Henry James
  88. Premios "Blog de Oro"
  89. Darwinismo robótico
  90. El diseño inteligente (ID), producto de la ingeniería social (IngSoc) del darwinismo
  91. Cuentos ultradarwinistas
  92. Darwinismo metafísico: frase en caida libre
  93. Conmemoración del segundo centenario del nacimiento de Mariano de la Paz Graells y Agüera, naturalista del siglo XIX
  94. Un blog interesante
  95. El creacionismo, invento darwinista
  96. Dos años de blogger
  97. Unas palabras sobre el castellano
  98. La segunda gran catástrofe de la historia de la biología
  99. ¿Cine darwinista o sardina? Sardina, por favor
  100. Entrada número cien: Títulos de las cien primeras entradas




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miércoles, 8 de julio de 2009

¿Cine darwinista o sardina? Sardina, por favor

Guillermo Cabrera Infante tituló a su novela "Cine o sardina" debido a la disyuntiva en que se veía por estar corto de recursos y tener que elegir entre gastar su escaso peculio en ir al cine o en una nutritiva sardina.

Con la peliculita que sacan ahora para conmemorar el año Darwin no hay duda en la elección: Invertir en sardinas va a ser lo adecuado.

Para muestra, un trailer:





lunes, 6 de julio de 2009

La segunda gran catástrofe de la historia de la biología







Escribiendo en castellano rigurosamente. Con la razón de su parte y buenas dosis de sentido común poco frecuentes en estos tiempos, en su artículo titulado “La Transformación de la Evolución”, el profesor Máximo Sandín llama "la segunda gran catástrofe de la historia de la Biología" a un libro de Dawkins que, para mi desgracia, yo también leí en mi juventud puesto que se encontraba en las estanterías del departamento de Genética de la Universidad de Oviedo, como en las de tantas bibliotecas públicas y otras tantas universidades sometidas a la tiranía del estrecho mundo de la literatura científica en inglés.

Entre los jugosos comentarios que el profesor Sandín hace de este libro tan desafortunado en su contenido (que no en sus ventas que se cuentan por millones), destaca, como no podría ser de otro modo, el que atañe al carácter “intrínsecamente egoísta” del ADN que le insta a expandirse para alcanzar la supremacía sobre otras moléculas de semejante composición. Moléculas compiten así con moléculas, genes luchan con otros genes.

Pero hablemos un poco del autor de semejante joya al que ya en otra ocasión hicimos objeto de un premio “Roberto Alcázar y Pedrín” por su indiscutible tarea a favor de la deshumanización de la biología.

Sir Richard Dawkins, autor prolífico y primer portavoz mundial del materialismo darwinista, presenta múltiples aspectos en común con el fundador de su ideología, Sir Charles Darwin. Algunos de ellos son bien intrigantes.

A parte de compartir algunas de las letras que integran sus apellidos (por ejemplo y sin querer hacer un chiste, las de la palabra WIN, que, en inglés significa ganar), ambos autores
comparten otros aspectos en común. Uno de los principales consiste en presentar
a los lectores de su obra una naturaleza extremadamente competitiva. Para
ambos, Darwin primero y Dawkins después, la Naturaleza es algo así
como la arena de un circo romano o un estadio en donde todos competimos con
todos y en dicha competición sobrevive el más poderoso que a veces puede ser el
más tramposo, puesto que las reglas de dicha competición no están muy claras.




Otro aspecto en común, sin duda relacionado con el primero, es el hecho de haber sido designados con el título de Sir por la reina de Inglaterra. Lo mismo que al director de una empresa puede interesarle que sus empleados compitan entre sí, también al poder puede interesarle que sus intelectuales presenten un mundo en el que la competencia es importante, porque la promoción de la competitividad puede ser un buen método de control.



Un tercer aspecto, también relacionado con los dos anteriores, es la fabulosa cosecha de éxitos editoriales, sobre todo si se tiene en cuenta lo menguado de sus aportaciones.


En resumen, ambos autores han defendido la idea vieja de que la competición es el principal motor de la Naturaleza. La idea procede de Heráclito (Polemos, el combate) y, a través de Hobbes, aterriza en la economía imperialista, de la mano de Malthus y de Adam Smith, de donde la tomó Darwin. A partir de ahí, aderezada con algunas observaciones, menos suyas que de otros autores, fue transformada en la Teoría de Evolución por Selección Natural, una pobre explicación que poco aporta para la comprensión de la vida, pero sin embargo es útil por poner una enorme porción de la naturaleza y de la ciencia al servicio del poder y de la banca. Por esto y, como no, también por la posición privilegiada de su autor en el Londres imperial, una visión torpe y anticuada de la naturaleza pasó a ostentar un lugar de privilegio en la base de la biología. Mantener este lugar ha sido obra de sus seguidores que a lo largo del siglo XX han constituido el llamado neo-darwinismo. Algunos de ellos han sido muy influyentes, otros muy listos. La mayoría han llegado a ser lo primero partiendo de lo segundo.




Dawkins, profesor en Oxford y miembro de la Royal Society, al que se puede ver en Youtube corriendo por medinas de algunas ciudades islámicas en busca de líderes religiosos con quienes discutir arrogantemente para intentar convencerlos sobre las bondades de la ciencia y su superioridad, mantiene que los genes son egoístas y que la evolución es el resultado de la competición de unos genes con otros, todos ellos más o menos egoístas, pero también por ver quien es más egoísta y gana, vence. Así, el Mundo, del que en definitiva sabemos poco, o la Madre Naturaleza que a todos nos sigue conteniendo con enorme paciencia, serían simplemente eso, saco lleno de genes rabiosamente enfrentados entre sí; arañándose y mordiéndose en ciego intento de ganar supremacía.

Semejante saco cerrado, podría así llegar a estar bien atado y sujeto por su boca en las manos de alguien que, con poder suficiente controlase la naturaleza, tal vez unas élites. Pero esto no se cuenta en el libro, por razones que luego se explicarán. Por el contrario se especula con que, de tal pelea de genes, al cabo de los años, van quedando los victoriosos para ejemplo de los demás, quienes desafortunadamente ya no estarán para verlo y tomar nota de ello. Habrá triunfado en la contienda el mejor gen, el más competitivo, el gen egoísta por antonomasia.



De semejante payasada de planteamiento salió aquel libro que yo leí, tu leíste, el leyó y todos leímos porque todos somos súbditos del poder campante del mundo editorial anglosajón. De tan desafortunada iniciativa muy acertadamente denominada por el profesor Sandín “segunda gran catástrofe de la historia de la biología”, en lugar de escuchar a su autor pedir públicamente perdón, todos, por el contrario celebramos ya los treinta años hace tiempo. Se trató también de una de esas celebraciones por imposición a las que este año estamos tan acostumbrados.

Pero la broma no acaba ahí. Si acabase ahí no me habría molestado en ponerme a escribir.


Resulta que ahora en estas agencias de información y de divulgación de noticias de la Ciencia, para el infra-mundo de la no-Ciencia, nos encontramos con la siguiente, que voy a copiar aquí entera:


New Discovery Proves Selfish Gene Exists

The 'selfish' gene does exist, not just in theory but in reality.
by Staff Writers
London, Canada (SPX) Jun 30, 2008


A new discovery by a scientist from The University of Western Ontario provides conclusive evidence which supports decades-old evolutionary doctrines long accepted as fact. Since renowned British biologist Richard Dawkins ("The God Delusion") introduced the concept of the 'selfish gene' in 1976, scientists the world over have hailed the theory as a natural extension to the work of Charles Darwin.

In studying genomes, the word 'selfish' does not refer to the human-describing adjective of self-centered behavior but rather to the blind tendency of genes wanting to continue their existence into the next generation. Ironically, this 'selfish' tendency can appear anything but selfish when the gene does move ahead for selfless and even self-sacrificing reasons.

For instance, in the honey bee colony, a complex social breeding system described as a 'super-organism,' the female worker bees are sterile. The adult queen bee, selected and developed by the worker bees, is left to mate with the male drones.

Because the 'selfish' gene controlling worker sterility has never been isolated by scientists, the understanding of how reproductive altruism can evolve has been entirely theoretical - until now.

Working with Peter Oxley of the University of Sydney in Australia, Western biology professor Graham Thompson has, for the first time-ever, isolated a region on the honey bee genome that houses this 'selfish' gene in female workers bees.

This means that the 'selfish' gene does exist, not just in theory but in reality. "We don't know exactly which gene it is, but we're getting close." "This basically provides a validation for a huge body of socio-biology," says Thompson, who adds the completion of Honey Bee Genome Project in 2006 was crucial to this discovery.






Noticia en la cual nos encontramos cosas muy sorprendentes, por ejemplo esta frase:

conclusive evidence which supports decades-old evolutionary doctrines long accepted as fact.

¿Puede una doctrina ser aceptada como hecho? ¿No suena todo esto al más puro dogmatismo?

¿De qué están hablando? No preocuparse porque nos explican claramente lo que significa selfish gene:

In studying genomes, the word 'selfish' does not refer to the human-describing adjective of self-centered behavior but rather to the blind tendency of genes wanting to continue their existence into the next generation



La tendencia ciega de los genes que QUIEREN continuar su existencia en la generación siguiente. ¿OK? ¿Entendido? Nada que ver con antropomorfismo y , por lo tanto estamos salvados…..podemos seguir nadando y guardando la ropa o en misa y replicando.






Pero vamos al artículo en cuestión, porque se supone que si la noticia se refiere a un artículo científico, en este encontraremos la explicación de aquella. Pero puede que no sea así,…..Curiosamente cuando uno va al artículo original es para encontrar que no tiene nada que ver con genes egoístas, sino con una región del cromosoma de la avispa que puede ser responsable de la esterilidad de las obreras. En el artículo, publicado en Genetics se menciona el Gen Egoísta, pero es en una frase en la que no se habla de genes egoístas, sino al revés, de genes para altruismo:



The genes that regulate worker ovary activation in honey bees and other social insects are key to the evolution of cooperation among workers, enabling this helper caste to subsume their individual reproduction into the reproductive output of the whole colony. Such ‘genes for altruism’ have been frequently postulated
(e.g. DAWKINS 1989; HAMILTON 1972) but molecular genetic evidence for their existence has to date proved elusive.



Todo esto es muy extraño y complicado, pero no preocuparse porque la solución se encuentra ya próxima. Por una parte, el artículo parece citar a Dawkins por alguna razón oculta, quizás (casi seguro) de interés. A continuación, la noticia de prensa viene a dar publicidad al artículo. Todo ocurre como si se tratase de un mecanismo de auto-alimentación circular mediante el cual las agencias de noticias defienden las teorías del Sumo Pontífice del darwinismo que a su vez nutren a las primeras.



Es lamentable que un artículo científico sea divulgado de esta manera tan tendenciosa. Dawkins debería pedir públicas disculpas por haber escrito el Gen Egoísta y los Staff Writers de estas agencias de noticias pensar en otra manera más coherente y menos sensacionalista de presentar los resultados de la investigación. La Ciencia está en la encrucijada. Su correcta divulgación puede decidir su futuro. Pero no hay que alarmarse porque todo podría ser el resultado de una broma de mal gusto. El Pontífice darwinista puede estar de broma, engañándonos. En su libro "Destejiendo el arco iris: ciencia, ilusión y el deseo de asombro", él mismo ha escrito:



Pienso que la candidez confiada puede ser normal y saludable en un niño, pero puede
convertirse en credulidad enfermiza y censurable en un adulto. Crecer y convertirse en adulto, en el sentido más pleno de la palabra, debería incluir el cultivo de un saludable escepticismo. La predisposición a dejarse engañar puede calificarse de infantil, porque es común (y defendible) en los niños. Sospecho que su persistencia en los adultos surge del deseo (en realidad, anhelo vehemente) de las seguridades y comodidades perdidas de la niñez. Este aspecto lo describió muy bien en 1986 Isaac Asimov, el gran escritor de ciencia ficción y
divulgador científico: 'Inspecciónese cada una de las muestras de seudociencia y se encontrará una manta de seguridad, un pulgar que chupar, una falda que agarrar'(.)
En la infancia nuestra credulidad nos es muy útil. Nos ayuda a llenar nuestro cráneo, de
manera extraordinariamente rápida, con la sabiduría de nuestros padres y antepasados. Pero si no crecemos para salir de ella en la plenitud del tiempo, nuestra naturaleza de oruga nos convierte en un blanco fácil para astrólogos, médiums, gurúes, evangelistas y charlatanes.






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